El cambio de estilo de vida que estamos sufriendo, tiende a la práctica de una vida sedentaria y a adquirir ciertos hábitos alimenticios nada recomendables, como pueden ser: el consumo de alimentos pre-cocinados, la bollería industrial e incluso comer viendo la tele.
Creo que el tiempo que dedicamos a comer también es muy importante para la absorción de los nutrientes. Comiendo despacito y masticando bien los alimentos, aligeramos el trabajo de nuestro cuerpo para la digestión de éstos. Últimamente, con el estrés, mucha gente come tragando como si fuera una “hormigonera” sin casi masticar y muy deprisa, simplemente porque “habrá que comer algo” no por el gusto de comer.
En muchas casas la televisión se ha convertido en “uno más de la familia”, prestándole más atención que a las personas. Ocupa el centro de atención de las reuniones familiares, provocando la falta de diálogo entre los miembros de la familia. Si el niño es mal comedor, puede ser un buen método, pero yo personalmente buscaría otros métodos para que el niño coma.
Os dejo una serie de consejos para intentar recuperar unas rutinas y unos buenos hábitos en las comidas en familia:
- Crear un ambiente positivo en las comidas, libre de conflictos. Las comidas son un momento para disfrutar.
- Deben evitarse interrupciones y distracciones (televisión, teléfono, radio...).
- Fomentar el diálogo en las comidas. Preguntar cómo ha ido el día, hablar de temas importantes para la familia...
- Involucrar a los miembros de la familia en la preparación de las comidas, en la compra de los alimentos, en la decisión del menú semanal...
- Dedicar el tiempo suficiente para cada comida. Se podría salir o entrar al trabajo temprano una vez por semana. Si no se puede, debemos asegurarnos de que el poco tiempo que pasemos con nuestra familia sea de calidad.
- Crear una rutina y unos buenos hábitos conductuales y mantenerlos.
” Demostremos nuestro amor por la familia, no solo al enseñarles de manera positiva, sino también al darles nuestro tiempo”.
