22 de octubre de 2011

Consejos

El cambio de estilo de vida que estamos sufriendo, tiende a la práctica de una vida sedentaria y a adquirir ciertos hábitos alimenticios nada recomendables, como pueden ser: el consumo de alimentos pre-cocinados, la bollería industrial e incluso comer viendo la tele.

Creo que el tiempo que dedicamos a comer también es muy importante para la absorción de los nutrientes. Comiendo despacito y masticando bien los alimentos, aligeramos el trabajo de nuestro cuerpo para la digestión de éstos. Últimamente, con el estrés, mucha gente come tragando como si fuera una “hormigonera” sin casi masticar y muy deprisa, simplemente porque “habrá que comer algo” no por el gusto de comer.

En muchas casas la televisión se ha convertido en “uno más de la familia”, prestándole más atención que a las personas. Ocupa el centro de atención de las reuniones familiares, provocando la falta de diálogo entre los miembros de la familia. Si el niño es mal comedor, puede ser un buen método, pero yo personalmente buscaría otros métodos para que el niño coma.

Os dejo una serie de consejos para intentar recuperar unas rutinas y unos buenos hábitos en las comidas en familia:
  • Crear un ambiente positivo en las comidas, libre de conflictos. Las comidas son un momento para disfrutar.
  • Deben evitarse interrupciones y distracciones (televisión, teléfono, radio...).
  • Fomentar el diálogo en las comidas. Preguntar cómo ha ido el día, hablar de temas importantes para la familia...
  • Involucrar a los miembros de la familia en la preparación de las comidas, en la compra de los alimentos, en la decisión del menú semanal...
  • Dedicar el tiempo suficiente para cada comida. Se podría salir o entrar al trabajo temprano una vez por semana. Si no se puede, debemos asegurarnos de que el poco tiempo que pasemos con nuestra familia sea de calidad.
  • Crear una rutina y unos buenos hábitos conductuales y mantenerlos.
” Demostremos nuestro amor por la familia, no solo al enseñarles de manera positiva, sino también al darles nuestro tiempo”.

La comida en familia, algo más que comer juntos

“La infancia es un periodo crucial para actuar sobre la conducta alimentaria, ya que las costumbres adquiridas en esta etapa van a ser determinantes del estado de salud del futuro adulto” y estas costumbres, se adquieren en el núcleo familiar. Dr. J. M. Moreno Villas y Dr. M. J. Galiano Segura

La familia puede ejercer una enorme influencia sobre la alimentación de los hijos y las conductas relacionadas con la comida. Fortalece la identidad y los vínculos familiares a través de la transmisión de una serie de patrones de conducta. Las comidas familiares son un vehículo de interacción en las que se establecen unas estrechas relaciones paternas filiales y constituyen un contexto conversacional espontáneo.

            La comida en familia se asocia con un consumo mayor de frutas, verduras, cereales y productos ricos en calcio, y un menor consumo de alimentos fritos y refrescos.

            Las comidas en familia constituyen una ayuda valiosa para favorecer alternativas saludables y pueden ser un ejemplo de dieta saludable. Ejercen una gran influencia en la dieta de los niños y en el desarrollo de sus hábitos alimentarios.

La influencia de la familia en las comidas puede tener un impacto relevante sobre la ganancia de peso. Ayuda a mejorar la calidad y la variedad de la dieta de los niños y adolescentes y contribuye a reducir el sobrepeso. Una alimentación poco saludable y no practicar una actividad física con regularidad son las principales causas de sobrepeso y de obesidad en los adolescentes. Este hecho, se asocia con el declive de la frecuencia de comidas en familia.



     “Comer juntos nos hace más inteligentes, más fuertes, más sanos y más felices.”

     Contribuye a la mejora del lenguaje y de las habilidades comunicativas, así como una mejora en el rendimiento escolar, mostrando mejores resultados académicos. Favorece la socialización: los niños que comparten las comidas con sus familias tienen mejor relación con los demás, poseen un alto nivel de autoestima, son más felices y tienen más esperanza de futuro. Disminuye hábitos de riesgo: fumar, beber alcohol o consumir drogas.

“Lo importante no es la comida, sino la familia. La comida es sólo la ocasión, la excusa. El objeto principal, el que crea y mantiene lazos, el que divierte, es la familia.” Dr. J. M. Moreno Villas y Dr. M. J. Galiano Segura

Somos lo que comemos

Los alimentos son vitales para el ser humano, al que aporta todos esos nutrientes que son la “gasolina” que nos pide nuestro cuerpo para su buen funcionamiento, desarrollo y crecimiento. Por eso debemos pensar en una dieta equilibrada, en la que ingiramos todo tipo de alimentos para que nuestro cuerpo y nuestra mente estén en un completo equilibrio. Y dicho esto, me viene a la cabeza la frase “mens sana in corpore sano” (Ya en el s. II tenían conciencia de lo importante que es tener una buena alimentación para que nuestro cuerpo y nuestra mente funcionen correctamente).

Lo que comamos o dejemos de comer nos afectará tanto física como psíquicamente. Debemos pensar en la educación para la salud como una educación en valores que desarrollen un estilo de vida saludable. Es muy importante educar valores y hábitos saludables, fomentando una buena forma de vida para prevenir algunas enfermedades y mejorar nuestra salud. Los hábitos que adquirimos en la niñez, van a marcar nuestro estilo de vida, por eso es tan importante empezar a educar a nuestros niños desde edades tempranas.

Debemos formar a los niños: “…para que en el futuro, de forma autónoma, sean capaces de decidir por el camino de la salud.”